CUERPO Y EMOCIONES – CUERPO Y DISCAPACIDAD
Autora: SILVIA MIRTA VALORI
Análisis inspirado en los apuntes tomados durante la DISERTACIÓN EN EL AULA 2 DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES DINO GERMANI.
DISERTANTE: PROFESOR MIGUEL FERREIRA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.
MODERADOR: ADRIÁN ESCRIBANO
La discapacidad como objeto de análisis de la sociología.
Es interesante reflexionar que cuando hablamos de discapacidad estamos hablando de personas. Nos tiene que quedar grabado que al decir: “discapacidad” nos estamos refiriendo a personas. Y, la mayoría de las veces, cuando se aborda un análisis y se quiere llegar a una conclusión, no aparecen las personas con discapacidad sino que están las Instituciones “benefactoras” que “trabajan para” o “trabajan por” las personas con discapacidad.
La peor de las preguntas posibles que nos podemos formular es: ¿qué es la discapacidad? Este querer desentrañar “qué es la discapacidad” elude la cuestión de fondo. Ya que “lo que es” la discapacidad depende de lo que colectivamente definamos “qué es la discapacidad”. Si preguntamos por el qué, por la sustancia, pretendemos que “la discapacidad” sea un estado inamovible del ser. Y no lo es.
Se puede plantear un análisis desde dos planos diferentes: el de superficie (teórica – sociológica) y el análisis profundo.
Hasta la fecha actual el mundo ha funcionado sin tomar en cuenta y sin incluir a las personas con discapacidad.
El análisis de superficie perseguirá develar los trasfondos en los que se asienta la dominación a través de la negación sistemática de los derechos humanos; la condición actual del colectivo de personas con discapacidad presenta una negación de sus derechos humanos, la que se asienta y tiene un trasfondo en una teoría mercantilista por la cuál una persona vale o tiene capacidad según lo que puede o no puede hacer, en términos productivos y de trabajo remunerado.
Se puede decir, también, que existe un modelo religioso, la idea del Dios que castiga, del “algo habrá hecho” o “por algo será”, la teoría de que “son ángeles”, en algunas religiones y demonios en otras.
La condición de persona con discapacidad “despierta” en las personas religiosas una idea de que hay que “ayudarla” ofreciéndole limosna o con actos caritativos, para atenuar, de alguna manera, los propios “pecados” (los de quién ofrece la limosna), para obtener una aprobación de un Dios que siempre está mirando, observando, calificando.
Y además está el modelo científico (modelo médico), que es quién relaciona discapacidad con enfermedad, en el que “la discapacidad” se convierte en un anomalía, un defecto fisiológico que va a llevar a que las personas que la tienen les será mucho más difícil vivir en la sociedad y que, cuando más se acerquen a la “cura” más derechos y reconocimientos obtendrán, así como también la “felicidad y la alegría de vivir”. Algo así como “sin cura no hay paraíso”.
Se puede afirmar que de verdad existe una SINGULARIDAD FISIOLÓGICA a la que el SISTEMA CAPITALISTA la convierte en INUTILIDAD
Así como también es verdad que existen políticas de Discapacitación: las personas IMPRODUCTIVAS son INÚTILES para el SISTEMA, y por ello son APARTADAS.
Entonces se instituyen los tratamientos de Rehabilitación, para lograr la Rectificación en la Búsqueda de la Normalidad.
Cuanto más nos acercamos a la “normalidad”, más derechos tenemos. A mayor discapacidad, mayor es la vulneración y violación de los derechos. Existe un modelo jerárquico de relaciones, donde quién no tiene discapacidad se considera superior a aquellas personas que la tienen. Y esto opera a nivel subconsciente.
En género ocurre lo mismo. Los modelos relacionales de género establecen o colocan a las mujeres en una posición de subordinación respecto a los varones. Tanto el género como la discapacidad son construidas socialmente y se fundan en mitos, estereotipos y prejuicios que determinan la discriminación que se habrá de soportar por tener determinados atributos y pertenecer a estas categorías.
Actitudes + barreras simbólicas y psicológicas = barreras arquitectónicas.
Si las ciudades fueran pensadas y construidas sólo para personas que usan sillas de ruedas, por ejemplo, las personas que caminamos utilizando piernas y pies, estaríamos en problemas y llenas de moretones por que soportaríamos golpes a mitad del cuerpo (las puertas serían anchas, muy anchas, pero también muy bajas) y nos dolería mucho la cintura y la espalda, al tener que agacharnos cada vez que quisiéramos franquear alguna. Es inevitable observar que, hasta el momento, sólo se ha construido para personas que andan sobre sus piernas, en estado de bipedestación. ¿Han pensado alguna vez qué pasaría si construyéramos para quiénes utilizan sillas de ruedas, únicamente?
En Gran Bretaña, y gracias al movimiento de Vida Independiente que tiene más de 30 años de trabajo de concientización, se han logrado avances que hoy son impensables para Argentina o España.
En el análisis en profundidad es donde va a intervenir el cuerpo.
Y también debe intervenir la sociología crítica para la de – construcción de esas lógicas de dominación.
La película de El Padrino
Con la película se pueden ilustrar dos cuestiones: la de habitus de Bordieu – y la de Biopolítica de Foucault
El habitus crea cuerpos “socialmente discapacitados” con la propia connivencia de las personas portadoras de esos cuerpos. Las definiciones ortodoxas de “normalidad” condenan a esos cuerpos a la exclusión social.
Se puede establecer aquí también una comparación con la teoría de género: en América Latina y casi se puede afirmar que en el mundo entero, las acciones son evaluadas de manera diferente si quién las ejecuta es un cuerpo de hombre o un cuerpo de mujer. Se obtienen diferentes miradas y calificaciones si quién, por ejemplo, engaña a su pareja es un varón, se pensará de él que es “un picaflor” o “un galán que se deja seducir” (evaluación positiva de un acto que realiza una persona), en cambio, si es una mujer la que lo hace de dirá de ella que es “una mujer fácil” o “una loca” o cosas peores aún (evaluación negativa de un acto que realiza una persona).
Lo mismo vale para el cuerpo de las personas con discapacidad, el atributo físico que las convierte en “diferentes” hace que sus acciones sean evaluadas de manera diferencial y, la mayoría de las veces, en forma negativa.
El disertante establece una comparación con el hijo pequeño de El padrino, Michael.
Su padre, El Padrino, trata continuamente de separarlo de sus andanzas, quiere que sea criado con otros valores, las personas encargadas de su crianza e instrucción también quieren separarlo para que no repita los actos de su padre, pero el habitus hace que Michael, ejerza de manera más efectiva aún su función de Corleone, y por más que todos/as lo hayan querido separar y alejar de ese destino, el habitus es más fuerte… Michael Corleone es un delincuente, un criminal que ejerce un poder eficiente, todos lo respetan, lo que él dice es palabra santa e inmaculada, y lo que él hace y dice es aceptado y nadie lo pone en tela de juicio. Él es un criminal que toma decisiones justas.
¿Qué ilustra esto? Que la capacidad de dictaminar qué es ”lo correcto” y qué es “lo no correcto” es arbitraria y proviene de quién ejerce el poder.
Se supone que la “imperfección” proviene de un “defecto fisiológico”. Existe un habitus que “condena” a las personas con discapacidad a ocupar el lugar que otros/as definen (como a Michael Corleone)
La visibilidad Social de la discapacidad
Ser o no ser “normal” es “culpa” del entorno que construye estructuras de dominación.
Los habitus son modificables. La modificación para que vaya en un sentido determinado y se instale necesita que todos/as nos movamos en esa dirección, que contribuyamos todos y todas.
Preguntas para reflexionar:
¿Existe una arbitrariedad en la normalización de lo normal?
¿Podemos re-construir la experiencia cotidiana de la discapacidad al margen de esos marcos de referencia?
¿Seremos capaces de entender la discapacidad como algo que no es una enfermedad y que, además, está tajantemente separado de enfermedad?
¿Seremos capaces de asumir que las personas con discapacidad no son dependientes?
¿Seremos capaces de pensar a las personas con discapacidad iguales, en interdependencia, que las personas sin discapacidad?
Estimo que habrá que desprenderse de la noción de “discapacidad” y pensar en la de “diversidad funcional”
No existen personas independientes, autónomas, que no dependen de nadie. Terminantemente: NO existen. ¿Quién se lleva la basura de tu casa? Otra persona. ¿Quién te lleva por la mañana al trabajo, sea en tren, subte o colectivo? Otra persona. ¿Quién te prepara la comida? Otra persona. ¿Quién arregla en tu casa aquello que se rompe? Otra persona. ¿Quién arregla tu automóvil? Otra persona. Y así sucesivamente. Todos y todas dependemos unos de otras. Eso es una sociedad. Así se han formado y han crecido todas las sociedades. Y así lo continuarán haciendo. Nadie puede vivir solo/a, sin otras personas con las que somos interdependientes.
Para pensar de manera diferente a la “discapacidad” y al género, NO sólo hay que cambiar las reglas del juego, sino el juego mismo.
La diversidad funcional no es un eufemismo como sí lo es el de “capacidades diferentes” o “necesidades especiales” por lo que ya es hora que nos demos cuenta que todos y todas tenemos capacidades diferentes y necesidades especiales.
Y que todos y todas, también, tenemos diversidades funcionales, algunos/as más complejas que otras/os.